La práctica pictórica de Francisco se centra en exponer la sensibilidad y la ternura de los animales que pinta. La gestualidad, los pliegues, la luz y la profundidad son componentes que crean una escena donde las emociones se evidencian sin reservas. Propone una reinvención del arte figurativo adaptando formas clásicas a mundos surrealistas.
Su propuesta pictórica consiste en una exhibición de la psicología humana a través de su lado más primitivo. Para ello, construye metáforas que conectan los estados de ánimo de los seres humanos con el mundo animal a través de la animalización de personajes.
Los protagonistas de sus lienzos plantean una profunda y permanente reflexión acerca de la condición humana, su relación con el entorno, el arte y el sentido de la vida. Especialmente, el artista indaga en estados emocionales como la soledad, la incertidumbre o la tristeza. Esta selección temática orienta sus creaciones hacia una dimensión filosófica, la cual se acrecienta mediante el uso de ambientes fantásticos y de tono surrealista.
